dissabte, 13 d’abril del 2019

Conducta prosocial: ¿Qué procesos psicológicos involucra y cómo se desarrolla en la adolescencia?

Un estudio publicado en 2006 por La revista mexicana de Psicología toma como muestra 499 jóvenes españoles entre 12 y 14 años  para intentar descifrar los procesos psicológicos que afectan la conducta prosocial durante la adolescencia. Se los analizó durante tres años a través de los instrumentos: Medida Objetiva del Razonamiento Prosocial (PROM), Escala de Agresividad Física y Verbal (AFV), Escala de Inestabilidad Emocional (IE), Escala de Conducta Prosocial (CP), Índice de Empatía para Niños y Adolescentes (IECA), Índice de Reactividad Interpersonal (IRI).

En los últimos años se intentó estudiar la conducta prosocial desde las diferentes variables cognitivas y emocionales, y se llegó a la conclusión de que actúa como una reguladora de la agresividad, ayuda a establecer relaciones sociales positivas y que un bajo nivel de conducta prosocial indica problemas de comportamiento y desórdenes afectivos.  Además se destaca la empatía como su principal motivadora. También parten de estudios anteriores que llegan a la conclusión de que los varones realizan más conductas prosociales públicas para generar aprobación y las chicas lo hacen por emoción empática, lo que lleva a afirmar que los procesos cognitivos de razonamiento ante problemas sociales y las emociones empáticas son las variables que correlacionan sistemática y positivamente la conducta prosocial con la adolescencia. Además resalta la importancia de la regulación emocional para experimentar empatía y facilitar la disposición prosocial.

El estudio de se llevó a cabo mediante un diseño longitudinal, es decir que permite la evaluación de la misma muestra de sujetos en tres momentos con una periodicidad de un año, por tanto los cambios obtenidos en los constructos psicológicos evaluados se pueden interpretar en función de la edad y los cambios evolutivos propios de la misma, controlando así las posibles diferencias que podrían deberse a la evaluación de muestras diferentes en un diseño transversal. Se utilizaron tres variables con el fin de descubrir qué inhibe y qué potencia la conducta prosocial en los adolescentes: variables de personalidad, procesos de razonamiento y variables comportamentales a través de dos escalas, una para evaluar la agresividad física y verbal y otra para evaluar la conducta prosocial. 

Terminado el análisis de los sujetos se vió en los resultados que durante esos tres años no hubo un cambio significativo en su evolución, es ligeramente ascendente. Se demostró que existe un efecto importante de los procesos cognitivos y las emociones en la conducta prosocial, sobretodo de la empatía, y su correlación aumenta con la edad. También reforzó la idea de que la agresividad es contrapuesta a esta conducta y se reduce con la empatía.

El análisis discriminante, el cual describe las variables existentes entre diferentes grupos y determinar cuáles de estas variables son las que más contribuyen a explicar esas diferencias, permite comprobar las variables que diferencian bien un grupo de otro y que en principio son candidatas a ser incluidas en las funciones discriminantes. Entre ellas podemos comprobar que básicamente es la empatía (tanto en su aspecto cognitivo como emocional) junto a la inestabilidad emocional, la agresividad y el razonamiento hedonista las variables que tendrán capacidad discriminadora. Los resultados indican que la empatía es un componente emocional y la que alcanza una correlación más alta con la función discriminante y puede ser predictor de la conducta prosocial.

En resumen, los resultados obtenidos permiten establecer un perfil predictor de los adolescentes prosociales que incluye como variable estrella la empatía, y con un peso importante, pero inferior, los procesos de razonamiento prosocial. Por tanto, si mantenemos la importancia de desarrollar la conducta prosocial como facilitadora de las relaciones sociales e inhibidora de conductas desadaptadas, se pone de relieve la necesidad de educar en la empatía y en los estilos de razonar ante problemas sociales para potenciar el desarrollo prosocial de los adolescentes.

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