diumenge, 5 de maig del 2019

Regulación emocional

La regulación emocional es la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. Supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento; tener buenas estrategias de afrontamiento, capacidad para autogenerarse emociones positivas, etc. 

Las habilidades de la regulación emocional se forman des de nuestra infancia como elementos basados muy fundamentales que supondrán el motor del desarrollo de una propia y compleja regulación en el comportamiento y en la cognición en etapas posteriores de nuestro desarrollo.

Una investigación de Calkins, Gill, Johnson y Smith, (1999) concluye que la reactividad emocional y la regulación emocional permiten predecir dos  comportamientos sociales claves en niños de dos años: la cooperación y el conflicto. Esto demuestra la importancia de la regulación emocional como prerrequisito para el desarrollo de diversas conductas socialmente relevantes.


En adultos, la regulación emocional ha sido asociada a un mayor bienestar, particularmente las estrategias focalizadas en el antecedente. Lo que resulta necesario es la distinción entre la emoción y la acción resultante o consecuente de una emoción intensa. La  regulación emocional nos permitirá controlar los impulsos, canalizar las emociones desagradables, tolerar la frustración y saber esperar las gratificaciones (Renom, 2007).

Aunque el proceso de regulación no cambiará totalmente la emoción, sí que nos permitirá introducir algunos cambios en cuanto a la duración e intensidad de la misma, ya que poder llegar a regular las emociones requiere de un gran trabajo personal y responsabilidad. En concreto, se ha confirmado que altas habilidades de regulación se encuentran vinculadas con una mejor calidad en las relaciones sociales y bienestar subjetivo.

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